La primera impresión fue que estaba en Europa, nada tenía que ver con la Asia que me enamora.
El país de las prohibiciones, dónde no se permite comer por la calle ni fumar, con multas que oscilan hasta los 500 dolares. Extraño, ¿verdad? Algo deben hacer bien cuando tiene uno de los PIB per cápita más altos del mundo. Junto con Hong Kong, Corea del Sur y Taiwán.
Mi estancia en el país sería corta, pero con tiempo suficiente para ver lo más interesante. La primera noche la pasé cerca de Riverside, zona bastante pija y llena de guiris. Y como os podéis imaginar, muy cara.
Visité el barrio de Little India, Singapore Flyer, la estatua de Merlion (icono de Singapore).
La última noche fue un pequeño homenaje y decidí pasarla en el Hotel Marina Bay Sands, uno de los hoteles más lujosos del mundo. Sinceramente lo que me llamaba la atención era su piscina infinity, anclada a 226 metros de altura y con unas vistas de vértigo.
El hotel cuenta con 2.560 habitaciones, un centro de convenciones y exposiciones de 120.000 m², un enorme centro comercial, un museo de Arte y Ciencia, dos teatros Arenas, seis restaurantes de cocineros de prestigio (celebrity chef), dos pabellones flotantes y un casino con 500 mesas y 1.600 máquinas recreativas.
Ya os podéis imaginar que no salí de la piscina en todo el día, necesitaba grabar a fuego esas vistas en mi cabeza.



